Incluso este año, que de tan intenso casi parece que no ha existido.
Anoche pensaba que vivimos en una sociedad acostumbrada a los finales.
Las decisiones de la vida vienen con fecha de caducidad.
Te dan la baja y el alta mismo día, cuando te compras algo ya piensas en su sucesor, planes renove, reciclaje, billetes de ida y vuelta. Antes una familia podía tener la misma tele (por ejemplo) toda la vida, iría peor o mejor, pero se intentaba arreglar y entre todos se acostumbraban al desgaste que el tiempo provocaba. Ahora en cambio uno negocia las condiciones de su nuevo contrato pensando en el finiquito, o pronuncia un "si, quiero" eterno con la separación de bienes bajo el brazo.
Las relaciones actuales son el ejemplo más claro de esta ceguera por renovar, nos preveemos de no darnos por entero a nadie para que el fin sea menos doloroso y lo nuevo tenga un principio más comodo.
No cuidamos las cosas porque asumimos que podrán ser sustituidas. Y es el no cuidar algo lo que provova que este se estropeé y se termine.
Incluso nosotros mismos; bebemos, fumamos y cometemos excesos como si un futuro nunca fuera a llegar. Cometemos locuras emocionales y nos flagelamos psicologicamente pensando en mañana, ignorando que siempre vendrá teñido de ayer.
Celebramos el año nuevo como si quisieramos arrancarnos a tirar una piel que ya nos sobra, la de los días que quedaron atrás. Pero por suerte o por desgracia esto no es posible y jamás se podrá sustituir este 2008 que a algunos tantísimo nos ha movido por dentro.
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2 comentarios:
¡Mira que bonita la del blog rosa!
Que bello lo que has escrito.
Ten cuidado que no te lo roben.
Eres admirable.
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