Anoche no dormí por un subidonazo de hormonas nada recomendable, retortijones, pinchazos, mareos, nauseas y dolor de cabeza durante vueltas y vueltas de almohada. Seguidas de una mañana de trabajo horrible y una tristeza desproporcionada. Llego a casa llorando, y me tiro en la cama, como una quinceañera premenstrual, proclamo al cielo que prefiero "lo otro" antes de volver a pasar por esto. Medio dormida pienso en lo que acabo de decir y entonces noto que algo me falta!
Y Jazz?
La oigo maullar pero no está, y por fin la veo. En el patio interior, dos pisos más abajo y sin posibilidad de acceso. Sale la madre coraje que llevo dentro, la rescatamos y la llevamos al veterinario. Sólo ha sido un susto, pero de los gordos, yo ya la veía coja o algo peor. Después de hablar con ella y regañarla, he cerrado todas las ventanas para que no le de por volver a saltar. Un par de horas separadas, cada una de nosotras en una punta de la casa, acurrucadas digiriendo el mal trago a nuestra manera y cuando ya no podiamos más hemos hecho las paces.
Me he visto como una madre.
Jodidas hormonas...
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1 comentarios:
Que feas son las hormonas, oiga! Me alegro de que Jazz y tú esteís bien, estrellita. (Al menos las farmaceuticas de barna son más amables que las de castellón) ¡Ánimo con el chute pisiosa!
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